El amor todo lo puede
Amor inagotable, inconcebible, inimaginable, que sobré pasa todo lo conocido.
Amor que aún a pesar del tiempo y las dificultades no cambia, no deja de ser.
Cuando te enamoras con un amor así, ya no hay nada, ni nadie que pueda separarte de ese amor. Cuando buscamos el bien del otro por encima del nuestro, cuando no existen las quejas, ni los reproches, cuando cedemos nuestros derechos, cuando lo único que importa es ese amor. “El amor todo lo puede…” 1Co.13
Cristo nuestro amor, nuestro enamorado.
Él nos lleva de gracia en gracia, de poder en poder, de una vida nueva a una vida abundante. Cristo nos da la serenidad y el equilibrio necesario para caminar por sus sendas, por los caminos y los planes que el Señor nos tiene preparados.
Aunque nosotros amantes olvidadizos que nos gusta ir como mariposas de flor en flor, de doctrina en doctrina, de iglesia en iglesia, tenemos muy poca consideración con nuestro Salvador, con nuestro Señor, con nuestro Amante eterno. Tenemos nuestros lugares altos bien atendidos, pero nuestro amor por nuestro Salvador se devalúa en quejas, rumores, críticas, falta de fe.
No escuchamos su voz y si alguna vez la hemos escuchado nuestras propias dudas la callan y otras veces la silencian las voces de los que nos rodean, escuchamos más las opiniones de los demás, que la voz de Dios, no dejando ni siquiera una opción a que el hacedor de maravillas pueda obrar de una manera diferente a la que nosotros pobres humanos queremos o demandamos. Unas veces por timidez y otras por tozudez, ignoramos su voz, empeñados en encerrar a Dios en nuestras obras religiosas y en nuestras mentes, sin darnos cuentas que sus pensamientos NO son nuestros pensamientos, ni sus caminos nuestros caminos.
Muchas veces encerramos al Señor en nuestros propios clichés de cómo debería ser Dios, nuestras oraciones parecen un supermercado, concédeme esto, necesito esto otro, por favor haz como te digo. Lo más gracioso es cuando queremos orar por alguien, que decimos que amamos y le decimos a Dios: Señor cambia a tal persona, cambia a esta otra; ¡pero! ¿cómo queremos que las cambie Dios? ¿cómo nosotros queremos que sean?, ¿cómo nosotros pensamos que sería bueno para ellos? Lo más seguro quien debería de cambiar somos nosotros, y nuestro amor hacia los demás. Perdemos mucho el tiempo en tonterías, somos muy cortos de vista, cuando perdemos ese primer amor tan maravilloso, con cuanta facilidad cambiamos a nuestro Dios, por nuestro YO, nuestro ego. Dios busca adoradores en espíritu y verdad, no podemos adorar si no amamos, deberíamos estar adorando, alabando, admirando a nuestro Salvador y Dios; pero sobre todo amando al que nos amó primero, al que nos dio vida y nos limpió, al que nos prepara para el banquete de bodas y su bandera sobre nosotros es amor.
En el verdadero amor no hay condiciones, no hay excusas para amar, no hay intercambio, tú me das esto y a cambio yo te doy…,
El amor más puro, más desinteresado, más misericordioso, es el amor de Cristo en la cruz.
– – Jesús andando por encima del agua, yo en mis dudas clamando: Jesús sálvame que me ahogo en este mar de ansiedad y dificultades
– – Jesús dibujando en la arena, yo dibujando mi vida con castillos de arena
– – Jesús tomando la copa, yo alejándome y negándole por vergüenza
– – Jesús diciendo al padre: “No mi voluntad sino la tuya,” yo diciendo al padre: “Dios mío haz esto, haz aquello,” “hoy no puedo ir” quizás buscando un barco donde huir de Dios; eso es egoísmo puro.
– – Jesús gritando: consumado es, yo pidiendo pruebas a Dios, si haces llover en el desierto es una señal para mi vida; que más señal queremos que esa palabra “consumado es”
Buscar el amor inimaginable de Cristo, es decir: “Heme aquí que tu siervo escucha”
Buscar el amor inconcebible de Cristo, es derramar nuestra vida en sacrificio vivo, en olor fragante a nuestro Señor.
Cristo, mi amado fiel, mi torre fuerte, mi alto refugio. El amor de mi vida mi Cristo
Una enferma de amor por Jesucristo
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