Fe y Esperanza.
1Corintios. 13:13a Y ahora permanecen la fe, la esperanza
Fe y Esperanza, dos cosas que nunca deben faltar en la vida de un cristiano, pero cuando las cosas no salen bien, cuando estamos en pruebas, en sufrimientos, ¿dónde tenemos nuestra fe y nuestra esperanza? La respuesta no es tan fácil, lo más sencillo es contestar por supuesto que mi fe y esperanza están en Dios, en mi Señor.
Pero mirando nuestros corazones honestamente y sin miedos, veremos que no es así, que en esos tiempos de angustia perdemos parte de nuestras esperanzas y podemos llegar a entramos en una crisis de fe.
Realmente si somos cristianos de verdad de esos que tanto decimos “de todo corazón,” nunca perderemos la fe y la esperanza del todo, pero sí que entramos es esa crisis donde nos cuesta ver a Dios.
Se nos hace difícil mantener la esperanza aquello que una vez dijo dios lo cumpliera, empezamos a dudar, no de Dios; sino de nuestras fuerzas, de nuestra propia entrega al Señor y eso nos debilita. Dudamos de nosotros mismos, y como Pedro nos hundimos entre las olas, en un viento que nos zarandea de un lado hacia el otro, y buscamos la mano salvadora de Jesucristo. Me pregunto ¿por qué no hacemos eso antes de la prueba? el aferraremos a las manos de Cristo para no hundirnos.
La Esperanza, dicen que es lo último que se pierde, pero muchas veces, la olvidamos no ponemos nuestra esperanza en donde debería de estar y nos desgastamos en tristeza y agobios, en frustraciones en medio de pruebas, hasta en algunos momentos desesperación pues oramos y no recibimos o nos parece que no recibimos respuesta. Nuestra esperanza se ve muriendo y con ello empobrecemos nuestra fe.
Señor, ¿Por qué somos tan complicados? Lo hacemos todo tan difícil, nos resulta casi imposible que sean nuevas cada mañana, y traemos las complicaciones de ayer seguimos cargando con ellas, aunque sea un nuevo día, nuestros enfados y frustraciones la acarreamos de día en día. No podemos soltarlas en tus manos, no tenemos la fe suficiente para descansar y decir con seguridad «El hará»
Señor, nos resulta muy difícil escuchar ese silbo apacible, ese susurro de tu voz; tampoco nos dejamos arrastrar por un viento recio, que cambiara la vida. ¡Ojalá! pudiéramos hacer como las águilas y abrir nuestras alas planeando con las corrientes de aire, remontando el vuelo una y otra vez, lanzarnos al vacío abriendo nuestras alas estando llenos del Espíritu Santo y volar.
En un ala el nombre Fe y en la otra Esperanza, hacer de cada mañana una escapada y ser libes de nuestras preocupaciones, frustraciones, desencantos, penas, lágrimas y sufrimientos.
¡Remontemos el vuelo!, el Señor da fuerzas al cansado, él nos cubre con sus alas, nos cuida como a la niña de sus ojos, somos instrumentos escogidos.
Tengamos por compañeras fieles a Fe y Esperanza.
1Ts.5:8 Pero nosotros, que somos del día, seamos sobrios, habiéndonos vestido con la coraza de fe y amor, y con la esperanza de salvación como yelmo
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