Carta a mi Dani

Carta a mi Dani

Carta a mi Dani

 

    Hoy, hace 24 años que llegaste a la meta, cantando cara a cara al Señor unido a ese coro de fieles que adoran de día y de noche. Te echo de menos, pero no puedo dejar de dar gracias a Dios por el privilegio que me dio de tenerte dentro de mi vientre, de tenerte en mis brazos y aunque solo fueran cinco años y medio que disfrute de ti, ese tiempo fue una gran bendición en mi vida.

     Dani, estoy muy agradecida a Dios por todo lo que ha echo en mi vida, él da y él se lleva; te llevo y estas junto a él, junto a nuestro Señor por toda la eternidad. ¡NO! Te quito la vida, te la dio, te dio vida en abundancia, te llevo a su presencia, que será eterna.  Estás en su gloriosa presencia, viendo lo que los demás anhelamos ver a Cristo cara a cara.

     Doy las gracias a mi Señor y mi Dios; por tratar con mi dolor, por tu consuelo, por cubrirme con tus alas, por poder esconderme en tu Alto Refugio.

     Hijo, doy gracias a mi Señor; porque nunca nos abandona, aunque muchas veces pensemos que no está, sobre todo ante las pérdidas, porque parte de nosotros se va con los que han terminado su carrera y parten a su patria celestial. Lo que para nosotros es perdida, el dolor de la ausencia; para los que parten es ganancia, es llegar a su mansión, recoger esa piedrecita blanca con un nuevo nombre.

 Cariño, yo me imagino que tu nuevo nombre es “fiel y alegría”

     Cuando termine mi carrera yo también recogeré mi piedrecita blanca con mi nuevo nombre, y cantaremos alegres ante la presencia del Cordero que está sentado en el trono.

                                            Te quiero mucho mi Dani.  

 

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