!Serás como mi boca!


Jeremías.15:19

Por tanto, así dijo Jehová: Si te convirtieres, yo te repondré, y delante de mí estarás; y si sacares lo precioso de lo vil, serás como mi boca. Conviértanse ellos a ti, y tú no te conviertas a ellos.  (RVR1960)


Convertir: Hacer que alguien o algo se transforme en algo distinto de lo que era.


Dios nos dice: “si te convirtieras” Si hiciéramos ese cambio de vida, para ser diferentes a nosotros mismos, un cambio que nos lleva directamente a la presencia de Dios, y nos   pondrá delante de él. Sacando lo precioso de una nueva vida en Cristo y desechando todo lo vil de nuestra vida vieja, dejando el fruto de la carne y llenándonos del fruto del Espíritu, llevando todo pensamiento cautivo a Jesucristo. 


Saquemos lo precioso de lo vil, saquemos ese oro precioso y esas joyas brillantes de dentro de nosotros que el Señor en su gracia nos ha regalado y llevémoslas a los demás, busquemos lo bueno y pongámoslo de manifiesto, seamos la boca del Señor y que todo lo que salga de la nuestra sea para lo bueno, lo honesto, lo preciso. Como dice en Efeios.4:31-32

 31Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia, y toda malicia. 32 Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo.


No nos dejemos llevar por las bocas mentirosas, criticonas, maledicentes, que de nuestra boca no salga ninguna palabra corrompida, que pueda contristar al Espíritu Santo. Busquemos a Dios y su preciosa palabra; Salmo 19:7-10 

La ley de Jehová es perfecta, que convierte el alma;

El testimonio de Jehová es fiel, que hace sabio al sencillo.

Los mandamientos de Jehová son rectos, que alegran el corazón;

El precepto de Jehová es puro, que alumbra los ojos.

El temor de Jehová es limpio, que permanece para siempre;

Los juicios de Jehová son verdad, todos justos.

10 Deseables son más que el oro, y más que mucho oro afinado;

Y dulces más que miel, y que la que destila del panal.


La palabra de Dios debemos llevarla con humildad y sencillez, que la gente vea lo precioso de Dios, y deje la vileza qué hay en el ser humano, debemos encontrar al Señor, y que de nuestras bocas salga vida, una vida llena del Espíritu Santo, regar con la verdad del Dios santo, cada vida. No nos convirtamos a lo que el mundo nos está llamando, pues en ocasiones imitamos sus formas, para ser aceptados por los demás o porque todavía seguimos anclados a lo que nos gusta del mundo, cambiando los conceptos de lo que representamos, o representamos a Dios o representamos lo contrario a Dios, no debemos de adaptarnos a lo malo, veamos como termina el versículo en Jeremias.15:19 “Conviértanse ellos a ti, y tú no te conviertas a ellos”  Tenemos que marcar una diferencia, somos ejemplo de Jesucristo, no somos del mundo que nos rodea, estamos en este mundo, pero NO pertenecemos a este mundo “SOMOS NUEVAS CRIATURAS EN CRISTO” Debemos de ser portavoces del Dios Santo con una vida centrada en Dios, que a través de nuestras palabras sazonadas con el Espíritu Santo y una vida coherente con la palabra viva del  Señor, que puedan ver en el mundo que somos diferentes, que estamos sellados con las arras del Espíritu Santo. Seamos portavoces del Señor, seamos como la boca de Dios para los demás. Recordando que la Palabra del Señor es pura y verdadera, que nunca regresa vacía,


 Ser la boca de Dios, requiere un cuidado especial de nuestra lengua, una búsqueda constante de la voluntad de Dios, una relación íntima con el Señor; estamos transmitiendo su Santa palabra, no podemos quitar, ni poner de nuestra propia cosecha, ser portavoz de Dios, es ser el conducto de su voz, una extensión de la palabra del Señor. Debemos de darnos cuenta de esa responsabilidad en nuestras vidas, llevar la palabra de Dios en nuestra forma de vivir, ser la palabra andante, llevar la espada del espíritu preparará, para usarla debidamente. Podemos imaginar oír la voz del Señor que nos diga: “Serás como mi boca”. Aquí, ahora, en el momento que estamos y el lugar donde nos encontramos; entender que somos elegido por el Señor para llevar su palabra en nuestros corazones, arraigados en Jesucristo, nuestro Salvador, para llevar y dar a los demás todo lo que Dios nos ha regalado, en su grandísima gracia nos dio una salvación tan grande, que debemos proclamar con nuestras bocas humanas las grandezas del Señor y poder llegar a ser portavoces de Dios, proclamar que Dios con su boca, con su voz, creo el sol, las estrellas, los animales, el mundo y que nos creó a nosotros mismos. 

Dios dijo: “hágase, y se hizo”. Esa voz creadora es la yo voy a proclamar, sencillamente, sin poner, ni quitar nada a conveniencia. Quiero, anhelo que el Señor me diga: “Serás como mi boca, serás mi portavoz”


¡La voz de mi amado! ¡Mírenlo, aquí viene!

Yo dormía, pero mi corazón velaba, ¡Una voz! ¡Mi amado toca a la puerta!

Yo soy de mi amado, y mi amado es mío


 ¡Mi amado! Es mi Cristo, mi Señor y Salvador, quiero oír tu voz, mi amado Jesus; quiero proclamarte, alabarte, adorarte.

¡Quiero ser como tu boca mi amado Dios!

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