Testimonio

Soy una Joven de 63 años, considerando que con más o menos 80 años Caleb conquisto Hebrón, todavía soy joven y me quedan batallas por pelear y montes que conquistar.

Mis primeros 23 años fueron unos años dedicados a rebelarme ante todo sistema político y religioso, crecí en una dictadura de derechas y mi rebelión ante ese dios que me presentaban muerto en una cruz, no era mi dios, simplemente era un símbolo para el necio que quisiera creer en eso; un Dios castigador y egoísta eso era para mí, le di la espalda y me aleje todo lo que pude de ese dios, con el pensamiento que le buscara quien creyera en ese dios, yo no le necesitaba.

Metida en la movida de una transición política de una dictadura camino hacia una democracia, en un barrio obrero donde la droga estaba haciendo estragos entre la juventud, (la década de los 80`s) mi vida cada vez se alejaba mucho mas de Dios. Yo nunca tuve problema con las drogas, pero mi barrio en Madrid era uno de los mayores focos de drogadicción de la capital y mi espíritu rebelde, político y feminista me llevaba a manifestarme en contra de todo eso, quería cambiar el mundo, todo sin Dios “por supuesto”. Uno de mis hermanos menores se metió en ese mundo oscuro, ese mundo de muerte que es la heroína, bueno, cualquier droga es oscura y mortal. Fue uno de los tiempos más difíciles en mi familia, ver sufrir a mis padres de aquella manera, ellos que nos cuidaron con tanto amor, me alejo más de Dios si eso era posible.

Una noche mi hermano llego a casa y nos dijo que a la mañana siguiente se iba a un sitio nuevo para curarse, que era gratis. En ese momento no le creímos ¡un lugar donde ayudan a curar a un drogadicto y gratis! Eso no fue todo, la risa más burlona salió cuando le oí decir que en ese lugar eran cristianos y hablaban de Dios. (Por cierto, mi hermano cambio su vida de estar gobernada por la droga, a nacer de nuevo, tener un encuentro con su Señor y Salvador, su vida paso a estar gobernado por Dios.)

Yo empecé a ir a una iglesia evangélica o eso decían ellos que era, en ese momento para mi eran un puñado de locos. A mí solo me importaba que me informaran de cómo estaba mi hermano. Yo iba todos los viernes por las noches a sus reuniones donde hablaban esas cosas raras de su Dios y cantaban esas canciones tan tontas y aburridas “estos locos Guiris”

El pastor de la iglesia y su mujer, poco a poco se acercaban más y más para hablar conmigo, yo hacía preguntas sobre una Biblia que para mí era contradictoria y que no tenía nada que ver con el Dios que ellos decían, mis dudas y preguntas surgían sobre ese Dios de amor que ellos hablaban, y el otro Dios que yo veía, el que mandaba matar a niños y mujeres inocentes de un pueblo enemigo, y al que ellos llamaban Dios de amor y misericordia. Si, fui una persona difícil a tal punto que cuando una misionera australiana que había en la iglesia un día me dijo: “¿Rosi quieres que oremos por ti para que Cristo entre en tu corazón?” mi respuesta fue muy directa, intente no ser brusca, aunque no puedo asegurar que no lo fuera, con toda la suavidad que pude la dije: “No, yo no quiero que Cristo entre en mi corazón.”

Seguía en las reuniones de los viernes me seguían informando sobre mi hermano, hablaban conmigo, pero mi corazón seguía cerrado hacia su Dios. En esos días trabaja limpiando casas y nunca lo podre olvidar bueno, mejor dicho; ¡NO! quiero olvidarlo limpiaba la cocina de la casa cuando empecé a cantar: “Maravilloso es Jesús para mi más dulce que la miel que mana del panal.” Cuando mi mente reacciono y me di cuenta de lo que estaba cantando me dije en voz alta a mí misma: “¡Rosa te estas volviendo loca tú también! Tú no puedes cantar eso, no eres una de esos fanáticas, no eres una de ellas.” Intenté por todos los medios que esa canción se fuera de mi mente y mi vida, pero no pude. Fue algo tan fuerte lo que sentía, algo tan intenso, que solo me quedo rendirme. Mi siguiente frase en voz alta fue: “¡Esta bien, si eres tú Dios, si eres real, ¡ME RINDO!, no voy a poner resistencia, ¡pero muéstrame que eres tú!” Yo que le había rechazado y Cristo me seguía llamando, me atraía con sus cuerdas de amor.

A partir de ese día cada viernes era algo nuevo que aprender, el Antiguo Testamento y Nuevo Testamento comenzaron a tomar sentido se unieron ya no era algo diferente dos cosas separadas, empezó a tomar sentido, las canciones ya no me molestaban ni aburrían, me alentaban y motivaban. ¡Había encontrado al Dios de mi Salvación!

Desde aquel momento han pasado casi 39 años de una vida dedicada al servicio de mi Cristo, mi Señor y mi Salvador.

Mi peor momento fue la muerte de mi precioso Dani, mi hijo de 5 años. Fue algo tan inesperado como traumático. No entendía que mi hijo se fuera así, en una tarde, una muerte inesperada. Fue un tiempo muy duro, inexplicablemente duro, solo llevaba un año y medio viviendo en EE. UU y no sabía apenas inglés. No me había adaptado al país y me sentía muy sola. En ese tiempo me aferré a Dios como nunca, pude sentir sus manos llenas de amor, misericordia y consuelo tomar cada pedazo de mi destrozado corazón y como empezaba a poner cada cosa en su sitio. Con paciencia de maestro carpintero fue restaurándome, dándome una madurez, una fe, una fortaleza en El cómo nunca hubiera imaginado. Él era mi compañero de fatiga doy gracias a mi Cristo por su trato de amor y consuelo. Sigo extrañando a mi hijo y al recordarle siento tristeza, pues me gustaría tenerle a mi lado y abrazarle. Pero puedo sonreír y darle gracias a Dios por el precioso regalo que me dio de tenerle durante 5 años a mi lado y disfrutar tantos momentos con él y unos preciosos recuerdos. Aquellas frases: “mami dame un abrazo”, o cuando mezclaba en español y el inglés: “pon la miusica” “mama tengo un mistake” Te amo mi pequeño Dani.

Después de casi 27 años de la partida de Dani con el Señor sigo soñando con él, Dios me regala esos sueños para seguir viendo a mi hijo; bueno así es como lo siento, como un regalo del Señor. Para mí es muy importante, la obra de Dios a través de su hijo Jesucristo en mi vida, Dios reconstruyo mi corazón. Solo puedo decir: “Te amo mi Señor porque me has salvado dos veces, la primera dándome nueva vida y la segunda reconstruyendo un corazón roto en mil pedazos” 

La vida en Cristo es un mirar hacia la meta. Las pruebas siempre tienen una Victoria, tienen un propósito en Cristo. Cuando miro hacia atrás y veo mi vida de una manera sincera, sin quejas, sin merecimientos, sin orgullos, solo puedo agradecer a Dios por llamarme de aquella manera cuando era una necia y estaba cerrada a Su preciosa Palabra. Me llamo de tal manera que tuve que rendirme. Cuando mi sufrimiento era tan grande que no me quedaban lágrimas, me guardo como la niña de sus ojos, me refugio bajo sus alas.

Ahora sigo dando gracias dando gracias a Dios por cada bendición que son muchas. Hace ocho años tengo una enfermedad de dolor crónico, mi vida está pegada al dolor, la fatiga y algunos síntomas más que acompañan a esta enfermedad crónica. Pero esto no es nada que pare aun soldado de Cristo, esto es algo que da una victoria más en el nombre de Cristo. Mostrar que este tipo de enfermedad con Jesús es más fácil de llevar, no hay nada en esta vida que no sea controlado por Dios y si él nos da lo bueno ¿no recibiremos también lo malo? Cuando viene a nuestras vidas algo así nuestra actitud al recibirlo va a determinar nuestra victoria o nuestra frustración. Cuando nos llegan las dificultades o enfermedad digamos como Cristo dijo: “Pero no sea como yo quiero, sino hágase tu voluntad” 

Cualquier momento, cualquier situación puede ser utilizada para dar testimonio de nuestro Cristo, nuestro Señor, nuestro Salvador, nuestro Todo. “En él, por él y a través de él y a él sea la gloria por los siglos de los siglos”  Sea cual sea nuestra situación demos gloria y honra al Señor de Señores, al Rey de Reyes  

Esto es un resumen de vida, de mi historia y sobre todo remarcar mi amor por mi Cristo, buscando siempre que mi vida este escondida con Cristo en Dios.

Rosa Navarro

Una respuesta a “Testimonio”

  1. Amen. 🤗

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