El Celo de Dios

Los hombres y las mujeres tenemos un celo insano, un celo de envidia de desear lo que no es nuestro, desear lo que tienen los demás; quizás tenemos celo de las personas, esos celos que matan una pareja, que ahogan a otras personas, celos obsesivos. Ese tipo de celo carnal y pecaminoso, es el celo al que estamos acostumbrados lo vemos cada día o aún peor los podemos sentir cada día.

En las escrituras Dios nos recuerda que el Señor es un Dios celoso; Pero ¿cómo es el celo de Dios?

El celo de Dios es santo, es puro, es amor profundo por cada uno de nosotros y su santidad nos quiere exclusivamente para él, aunque somos pecadores e impuros, el Dios de toda gracia y misericordia que odia el pecado, ese Dios todopoderoso, que como juez justo no puede dejar sin castigo el pecado y en su celo por nosotros nos dio a su único hijo, para todo aquel que cree en él no se pierda, sino que tenga vida eterna.

En Su Palabra el Señor nos muestra que es un Dios celoso, que no permite que su pueblo le traicione con otros dioses, el Señor no comparte su gloria, el Dios Todopoderoso, el Dios omnipresente, el Dios omnisciente, no puede ser engañado con ninguno de nuestros dioses de bolsillo, con nuestro yo, yo y siempre yo, poniéndonos por encima del todopoderoso y soberano Dios, hasta en ocasiones decimos como Jehú, “El celo por el Señor”  y sin darnos cuenta acabos haciendo de ese celo un ídolo, que ponemos por encima la iglesia o la obra de Dios, antes que al Dios de la iglesia o la obra. Hacemos ídolos de lo santo, como Gedeón hizo con el efod de oro (Jueces.8:27) Israel se corrompió poniendo ese efod por encima del Dios que los había salvado de los madianitas. Nada, ni nadie, puede estar por encima del Dios Santo.   

Como antes mencionaba Jehú, que, en su celo por Dios, derroco el reinado de Acab y Jezabel en Israel, a la vez también el de Judá dando muerte al rey Ocozías. Pero el celo de Jehú no era completo, no fue un hombre que tuviera un celo cien por cien para Dios, pues no se apartó de los pecados de Jeroboam cuando llevo a Israel a la idolatría con los becerros de oro (1Reyes.12:27)

Nuestro celo es limitado a nuestras intereses y emociones, eso en la mayoría de las ocasiones nos hacen caer en una cristiana idolatría que nos puede llevar a un modo de fariseísmo, en ser legalistas, reglas, normas en una rigidez tan absoluta y poco eficaz, que matamos la gracia y apagamos al Espíritu Santo que mora en nosotros, y todo esto lo hacemos en nuestro propio celo que no es el de Dios.

Tengamos un celo santo y puro primero por Dios y luego por los hermanos, por la gente que forma el cuerpo Cristo, los que hemos sido salvadas por gracia divina, llamados por honor de su nombre, cuidemos unos de otros en un amor santo y humilde, recordando que somos la novia del cordero y que debemos engalanarnos con nuestras ropas de lino fino, para cuando llegue el novio a buscarnos y comiencen las bodas del Cordero.

 Tenemos un Dios celoso, que nos ama profundamente con un amor incomprensibles, seamos fieles al Señor y Dios todopoderoso, pues él nos amó primero, tengamos un celo reverente por quien es nuestro amado Dios, él es Santo, él es Puro, él es Amor, él lo es todo en todo.

Una respuesta a “El Celo de Dios”

  1. Lino fino!!!!

    un vestido de lino fino sin mancha.

    el celo nuestro muy diferente a el celo del Señor. Cuanto para escudriñar en nuestro corazón. Gracias Rosi.

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