En la cima o en el valle
El agradecimiento a Dios por todo lo que nos ha dado sin y merecer nada, una vida limpia, un corazón nuevo, un espíritu renovado y todo esto a cambio de nada, ¿quién da algo por nada?
Ser agradecidos en todo tiempo, aun cuando las cosas sean difíciles debemos ser agradecidos, ¿pero eso nos cuesta mucha verdad? A mí personalmente si me cuesta, sobre todo cuando no entiendo por que me suceden las cosas, si estoy sirviendo a Dios, si estoy buscándole, si intentó hacer su voluntad ¿porqué?
No nos damos cuenta de que si estamos en su voluntad el ¿porqué? No importa, lo único importante es un corazón para Dios en sencillez y humildad, en agradecimiento hacia nuestro creador.
Muchas veces nos ponemos espirituales delante de Dios y cuando estamos en oración en medio de una prueba le pedimos «Señor daños paciencia» pero nunca recordamos que las pruebas son las que producen la paciencia; también le decimos «Señor dame unas espaldas más anchas para llevar esto» sin darnos cuentas que cuando pedimos unas espaldas más anchas más carga podremos llevar; debemos de tener cuidado con lo que pedimos o deseamos. Yo no sé sí decir que he aprendido a no pedir cosas que no se sí estoy en situación de cumplir, pues hay veces que me siento débil, que me faltan las fuerzas para lo que tengo delante y sólo puedo humillar mi corazón y decir a mi Dios: ¡Señor NO puedo, no tengo las fuerzas ni el entendimiento para llevar esto, te necesito más que el aire que respiro!
Esa necesidad de Dios es la que nos mantiene vivos en medio de las pruebas y la soledad, pues hay veces que, aunque estemos rodeados de gente nos sentimos solos, necesitamos algo más, mejor dicho, a alguien más, aunque estamos rodeados de hermanos necesitamos de la presencia de Dios que llene nuestro corazón, y nos de fuerza por que el gozo del Señor nuestra fortaleza es.
Resulta tan fácil vivir en la cima del monte donde todo lo vemos desde arriba y el valle queda abajo, muy abajo. Cuando estamos en lo más alto donde el aire es puro, oímos cantar a los pajarillos y parece que la experiencia de esos momentos será para siempre; pero ¿qué pasa cuando tenemos que volver al valle? ¿cuándo tenemos que enfrentar la niebla fría y húmeda del valle? ¿seguimos cantando alabanzas y orando o empezamos con desesperación a pedir respuestas a nuestras dudas y decimos: ¿por qué? Seguimos preguntando en nuestras pruebas y sufrimientos, en lugar de caer en las manos del Dios vivo y decir hágase tu voluntad y no la mía
La mayor parte de nuestras vidas es en el valle donde hay más gente necesitada de nuestra ayuda, misericordia y amor, donde nosotros mismos necesitamos de esa ayuda no se nos debe de olvidar que necesitamos del Señor en cada momento.
En las cimas nuestra vida es más egoísta se centra en nuestro bienestar y nuestras emociones, pero si queremos servir y ser un sacrificio vivió en olor fragante a Dios debemos aprender a vivir en el valle, en lo normal en lo cotidiano, servir en humildad y mansedumbre. ¡Qué difícil resulta esto!
Una vida en la normalidad una vida escondida en Cristo es la llave de una vida de victoria en el valle. No debemos olvidar que esa victoria es de Jesús que nos lleva de triunfo, en triunfo.
Buscando ese agradecimiento genuino, esa sencillez, y humildad que nos haga buscar al Señor cada dia y con toda sinceridad decir: ¡Señor Te necesito, no puedo, soy débil y en mi debilidad tu eres mi fortaleza!
Señor, tú llenas mi soledad, tú me llenas en la cima de la montaña, para llevarme al valle y derramarme en sacrificio vivo en olor agradable a ti. Tú me enseñas, me instruyes, me consuelas, y yo sólo puedo derramar mi corazón a tus pies y volver a decir:
Gracias, mi Señor y Salvador
Gracias por todolo que haces y todo lo que harás.
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