Silencio
Un llanto
Un grito
Una alabanza
Una oración
Una petición
Estas cosas son fáciles, llorar, gritar, alabar, orar, pedir.
Lo difícil es el silencio.
El silencio, después del llanto
El silencio, después del grito
El silencio, después de la alabanza
El silencio, después de la oración
El silencio, después de la petición.
No es nuestro silencio, sino el de Dios. Ese silencio que nos parece eterno en el sufrimiento, en la frustración. Cuando no podemos más, estamos cansadas y fatigadas, buscamos los brazos de Dios donde acurrucarnos; pero no los encontramos, buscamos algún sentido al versículo: venir todos los cansados y fatigados y yo os haré descansar. Pero parece que nunca llegamos donde Jesús está para poder descansar en él, hasta hay veces que parece que se aleja, y no le encontramos, y nos vemos tan débiles y desgastadas que no sabemos si llegaremos o si nos tienen que llevar en camilla. Buscamos y no encontramos ese Silbo apacible que nos susurre al oído “Yo soy el que soy, yo haré la obra”. Ese viento recio que inunde nuestro ser, y nos dé un aire fresco y renovador, ese consolador encargado de llevar a cabo la obra milagrosa en nuestras vidas. Esperamos a ese maestro que puesto en pie calme nuestras tempestades.
El sigue en silencio, calla, como si no le importara lo que está sucediendo, ¿por qué guarda silencio? ¿por qué no actúa? ¿Por qué no nos ayuda? Nos dijo que siempre estaría con nosotras, ¿por qué este silencio, esta ausencia, esta lejanía?
Si pudiéramos en medio de ese sufrimiento que nos ahoga, en mitad de esa situación de ese problema enorme que no podemos llevar, que sobrepasa nuestro entendimiento que nos descentra y nos quita el enfoque.
Si fuéramos capaces de buscar la visión correcta.
Dios nunca estuvo lejos, siempre esta a nuestro lado llorando con nosotras, llevándonos en sus amorosos brazos; pero nuestras lágrimas, dolor, nuestra frustración, nos han impedido ver al que nos salvó y rescato.
Confiemos y dejemos que el Señor nos consuele, nos lleve en sus brazos, empecemos a reconocer esas bendiciones que nos llegan cada día como gotas de rocío. ¿Realmente estamos buscando a nuestro Dios y salvador a nuestro escudo y fortaleza? ¿Somos capaces de ver que el Señor es el camino, la verdad y la vida?, ¿nuestro pronto auxilio en la tribulación.?
El silencio de Dios es milagroso, hay maravillas en nuestro Señor, quizás un día, quizás mil años, el tiempo no importa Dios no falla. Si el Señor guarda silencio el sigue trabajando, sigue haciendo su obra, Él no se duerme ni se retrasa.
Salmo. 121 “…No se dormirá el que te guarda”
¿Qué significa el silencio de Dios? Una pausa en nuestras vidas, una búsqueda incansable de adoración y alabanza. El busca adoradores en espíritu y verdad, nos esta buscando a nosotras; aun en el silencio nuestro corazón le anhela, aun en la tormenta nuestra alma le busca, todo nuestro ser se rinde al Señor, porque el es digno de alabanza y loor
Nuestros Señor es mayor que cualquier problema o sufrimiento por el que estemos pasando, es nuestro pastor paciente, nuestra ancla que nos asegura para que no naufraguemos. Tenemos que acercarnos al trono de la Gracia, para el oportuno socorro. Jesús nos espera con sus amorosos brazos abiertos, para abrazarnos y consolarnos.
Somos mas que vencedoras, escondiendo nuestras vidas con Cristo en Dios. El Silencio de Dios es un ‘hija mía te amo y estoy obrando en tu vida» no dudemos pues nuestro llanto, nuestro grito, nuestra alabanza, nuestra adoración, nuestra petición, están en su corazón y el Señor esta obrando en nuestras vidas.
Mi llanto en silencio Admiración hacia mi Señor
Mi grito en silencio Amor y devoción por mi Señor
Mi alabanza en silencio Un corazón agradecido hacia mi Señor
Mi adoración en silencio Pasión por mi Señor
Mi petición en silencio Ver Su rostro, sentir la presencia de mi Señor
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