- Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, más Cristo vive en mí. (Gal.2:20)
- De modo que si alguno está en Cristo nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas. (2CO.5:17)
Regocijarnos en nuestra nueva identidad, es no conformarnos en lo que somos, en algunas ocasiones nos refugiamos en la frase “es que yo soy así” también utilizamos, “en mi familia somos todos así” quizás, también usamos “Dios me hizo así y él me conoce, está trabajando conmigo” estas frases que utilizamos demasiado a menudo solo son escusas; pues nos conformamos a nosotros mismos a nuestra vieja naturaleza. Debemos de ser transformados, para vivir a través del espíritu y no de la carne de nuestra vieja naturaleza, vivir de día en día, buscando ese cambio en humildad, reconociendo que todavía nos ataca esa vieja forma de ser, ese orgullo de ser como somos, ese justificar nuestros actos, aunque sabemos que no hemos actuado correctamente y nos refugiamos en nuestro razonamiento de las situaciones y circunstancias, dejando de lado al Espíritu Santo que nos va a redargüir, cambiando nuestros argumentos por los suyos.
El Santo Espíritu, nos trae de su sabiduría, transformándonos y cambiando nuestra mente, nuestro corazón; trae a nosotros esa transformación desde dentro hacia fuera, en ese cambio se pude ver en nosotros la identidad de Jesucristo, pues somos hechura suya, hemos sido creados a su imagen y semejanza, teniendo en él la redención y justificación de nuestras vidas que ya no son nuestras, como para poner escusas a nuestros comportamientos, sino que somos de Cristo y si hemos muerto con Cristo, también resucitaremos con él. Nuestra resurrección debe ser una nueva identidad, una nueva naturaleza, la del espíritu; para no enorgullecernos pensando que es por nosotros mimos.
Una nueva identidad, una nueva criatura, donde no caben escusas, ni atajos. Una nueva criatura enfrentando, nuestros errores, puliéndonos día a día para poder brillar como oro puro para el Señor, no queremos tener nuestras vestiduras manchadas de malas actitudes, rencores, malas palabras o dureza en nuestro carácter. Vestidos como es digno del Señor; pero la pregunta es ¿Como quiere el Señor que nos vistamos?
En Pedro (2Pedro.1:1-11) nos da una buena muestra de debemos comportarnos para para que no estemos ociosos, ni estériles en el conocimiento de Jesucristo. Una nueva identidad basada en el Espíritu Santo, nuestro maestro y consolador. Cristo nos dejó su Santo Espíritu, para que andemos en santidad y no manchemos nuestras vestiduras, para que seamos resplandecientes siervos de nuestro Señor Jesucristo, manteniendo nuestra nueva vida, nuestra nueva identidad, en el ámbito del fruto del Espíritu; amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, dominio propio. Galatas.5:22-25
Pues los que somos de Cristo hemos crucificado la carne, con sus pasiones y deseos. Tenemos una nueva identidad, estamos sellados con las arras del Espíritu Santo, ya no somos más esas personas de antes de conocer al Señor Jesús, ya no somos aquellos incrédulos; ahora en nuestros corazones está la vida que es Cristo mismo, nuestra esperanza y salvación Jesucristo, el autor y consumador de la fe. Dejemos atrás lo que no sirve, eso que llevamos tan arraigado en nuestros corazones y que en algunas ocasiones sale de dentro; pero ahora somos más que vencedores con Jesucristo a nuestro lado venceremos y resplandeceremos con él.
Somos nuevas criaturas, tenemos nueva identidad, manifestemos al hijo de Dios en nuestras vidas, regocijémonos en Jesucristo.
Gracias, mi Cristo, por esta nueva vida, porque en ti hay resurrección y vida, gracias, por esta nueva identidad, que me empuja a vivir en el fruto de tu Santo Espíritu.
Deja un comentario