Mi Monte de los olivos, mi Getsemaní, mi comisión
Mateo.5:1 – Mateo.8:1
Mateo.5:1-2 Cuando vio las multitudes subió al monte; y después de sentarse, sus discípulos se acercaron a él. Y abriendo su boca, les enseñaba diciendo: Bienaventurados…; (Mat.5:1-12); La sal de la Tierra y luz del mundo (Mat.5:13 -16) Estas junto a otras verdades y enseñanzas (Mat.5:17 – 7:29) Un discurso de Jesús en el cual exhorta y discípula tanto a esos hombres escogidos, como a las multitudes, que los alimenta de pan y llena sus corazones de esperanza.
Mateo.7:28-29 Cuando Jesús terminó estas palabras, las multitudes se admiraban de su enseñanza; porque les enseñaba como uno que tiene autoridad, y no como sus escribas. Mateo.8:1 Y cuando bajó del monte, grandes multitudes le seguían.
Enseñanzas, que en el día de hoy siguen muy vivas en mi caminar diario, mostrándome por donde debo seguir e iluminando mi andar diario. Señor yo te sigo, pero no quiero seguirte como entre la multitud, quiero seguirte y me hables de que me instruyas en mi Monte de los olivos.
Monte de los olivos donde Jesús hablo a multitudes y enseño a sus escogidos, a esos doce sencillos hombres, pescadores, recaudadores de impuestos, zelotes; hombres comunes y corrientes. El Mote de los Olivos, donde estos hombres estaban viviendo experiencias sobrenaturales, que sobrepasaban su entendimiento, le dijeron al Señor enséñanos a orar, y el Señor les dijo: Vosotros, pues, orad de esta manera: «Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. (Mat 6:9)
Mi monte de los Olivos, ese lugar tan personal, mi Alto Refugio en el Señor, donde Jesucristo me puede discipular y enseñar, ese lugar donde oír Su voz, donde yo pueda decir: Señor enséñame a orar, y mi corazón comience: “Padre mío que estas en los cielos, santificado sea tu nombre, venga a mi tu reino, reina en mí y hágase tu voluntad en mí vida, dame Tu pan de cada día, perdóname como yo perdonare a los que me ofenden, aquellos que me han lastimado; quizás me han traicionado ayúdame a perdonar como tú me perdonas tosa las ofensas, dolores; quizás traiciones que yo he cometido. Señor líbrame de la tentación y de todo mal.
Monte de los olivos, donde Jesús se retiraba para estar asolas con el Padre, tener un momento de intimidad entre el Padre y el Hijo, estar unidos el uno con el otro. Un lugar donde Jesús descansaba en la presencia del Dios todopoderoso, de Su Padre, el creador del mundo.
Mi Monte de los Olivos ese lugar de descanso en mi Dios y Señor, donde Su presencia llena mi corazón y mi alma, en una intimidad única , una relación de Padre e hija donde Su Santo Espíritu que me trae de Su paz y gozo. Mi lugar secreto en el cual derramar mi alma ante mi Padre y Creador, ante quien es EL – SHADDAI.
Monte de los olivos, desde ese monte se veía Jerusalén y el Señor tubo palabras duras sobre esa ciudad. Mat 23:37 ¡Jerusalén, Jerusalén, la que mata a los profetas y apedrea a los que son enviados a ella! …
Mi Monte de Olivos desde donde por fe veo la nueva Jerusalén, esa ciudad con calles de oro y mar de cristal, a la cual llegare con la esperanza de la vida eterna intacta, donde está la meta de mi carrera, con la vista puesta en el banco, en mi Jerusalén. Donde el novio me está preparado una morada celestial, allí vere cara a cara al Cordero de Dios, al Cristo mismo. Desde mi Monte de los Olivos en mi fe te veo, mi Jerusalén, mi preciosa nueva Jerusalén.
Monte de los olivos, donde se encuentra el jardín de Getsemaní en ese lugar donde la angustia de nuestro Señor se convirtió en gotas de sangre. Ese jardín donde Cristo con su obediencia dijo:“No se haga mi voluntad, sino la tuya; fue el principio de nuestra salvación, Cristo aceptando la voluntad del Padre, llevando nuestras cargas, en Getsemaní las lágrimas del Cordero de Dios por nosotros. Getsemaní, donde la traición se llevó a cabo con un beso. El beso de Judas, Jesús acepto ese beso sabiendo que era una trampa y en Getsemaní, se entregó a los que querían matarle, aunque el mismo había dicho: nadie me quita la vida, yo la pongo por vosotros.
Mi Monte de los olivos, mi jardín de Getsemaní; donde llevo todas mis angustias y sufrimientos; donde dejo mis lágrimas, tantas lágrimas que pienso que ya no me quedan más, hasta que vuelvo allí y derramo otra vez toda mi alma cargada de dolor, mis lagrimas vuelven a brotan de mis ojos cansados, de mi corazón fatigado, en esos momentos de quebrantamiento y sufrimiento, se unen mi alma y mi corazón para decir a mi Señor: “No se haga mi voluntad, sino la tuya” mi Getsemaní. Donde el Señor recoge los trozos rotos de mi corazón y vuelve hacer maravillas en mí.
Monte de los Olivos donde se prensaba las olivas y salía el aceite más puro. El aceite de la unción, de las lámparas de templo de Dios, que debían de estar encendidas día y noche.
Mi monte de los Olivos: donde aprendo a orar, donde soy discipulada; donde encuentro mi jardín de Getsemaní para ser prensada como las olivas en quebranto, pero a la vez soy ungida con el aceite del Espíritu Santo que transforma mi vida, ese aceite del Espíritu que hace que mi lampara siempre esté encendida.
Monte de los olivos donde ese grupo de hombres sencillos vieron como su Maestro les prometió un consolador. Les dio una gran comisión, un gran encargo: “Id, pues, y haced discípulos en todas las naciones…” (Mateo.28:19-20) También les aseguro que estaría con ellos todos los días hasta el fin del mundo. Allí mismo vieron como el Señor Jesús ascendía entre las nubes para sentarse en su trono a la diestra del Padre.
Mi monte de los olivos, ese lugar secreto, mi Alto Refugio, que mi Redentor vive, y que está sentado a la diestra su Padre. También me ha mostrado lo mismo que aquellos hombres pescadores de hombres. Me comisiona para hacer discípulos en todas las naciones, y me asegura que siempre estará conmigo, hasta el fin del mundo.
Lucas.21:27 Entonces verán al Hijo del Hombre, que vendrá en una nube con poder y gran gloria.
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