El Dios de toda consolación

El Dios de toda consolación (2Corintios.2:3-4)

Un corazón compasivo, misericordioso, sabio, para poder estar al lado de los que sufren. Un corazón consolador.

Dios mío, en momentos de dificultad necesitamos agarrarnos a ti con más fuerza que nunca. Solo tu mi Dios me traes la consolación más dulce y me dices: “Mi presencia irá contigo, y te daré descanso.”

Ese descanso que solo Él nos puede dar, lo digo por experiencia que no hay otro que traiga a nuestros corazones la paz, el consuelo, y la misericordia que necesitamos, no hay nadie que nos lleve en sus brazos con tanto amor como nuestro Señor Jesucristo.

Cuando el corazón está roto en mil pedazos, cuando no encontramos salida a nuestro dolor y no basta con las buenas palabras de la gente que nos rodea, que con su mejor intención nos quiere animar y ayudar; pero sentimos que es insuficiente, que no hay consuelo para nosotros y seguimos sumergidos en el dolor, lo único que vemos es nuestro corazón roto en mil pedazos. En ese momento es cuando debemos de saltar a los brazos de nuestro Señor y Salvador; quizás nos parezca que saltamos al vacío, que saltamos a ciegas y en desesperación. Y yo digo: Sí, al vacío, Sí, a ciegas, Sí, en desesperación, eso es lo que hace un corazón roto por el dolor; un corazón que necesita al Consolador.  Pero la realidad es que cuando saltamos con la confianza puesta en el Dios de nuestra salvación, en el que nos sostiene de la mano derecha y nos dice: “No temas, yo te ayudo.”  En ese momento sabemos que él nos levantara, que recogerá cada pedazo de corazón y los unirá, pedacito a pedacito; que cada uno de esos cachitos de corazón llenos de lágrimas y dolor, al unirlos solo podrán decir: “Te amo mi Dios” nuestros ojos no dejaran de llorar, como tampoco nuestro corazón dejara de alabar a Dios, de una manera como nunca antes lo habíamos hecho; con una profundidad y un reconocimiento al Dios de toda consolación, que nos dice: “No temas, porque yo te redimí; te puse nombre, mío eres tú.”   

Yo salté al vacío, sabiendo que solo las manos de mi Dios me recogerían que cada pedacito de mi corazón solo mi Señor lo podía arreglar, quitar todo lo que estorbaba, limpiarlo de sutiles mensajes del enemigo, que me decían: de aquí no vas a salir, tu dolor no tiene consuelo. Esos mensajes venían a mí, para que no pudiera levantarme del dolor y la desesperación. Pero mi Señor, mi Cristo quito todo eso y me levanto, con un amor tan dulce, tan cuidadoso, me trato con la delicadeza de ser su hija amada. Mi vida cambio, mi manera de amar a mi Señor cambio; porque sé que solo en sus manos estoy segura, que todo lo que Dios me dio en el transcurso de mi convalecencia espiritual, me hizo madurar y amarle más, mi amor fue más profundo, en Sus manos amorosas me levanto, remendó mi corazón.

Sí, reconozco que llevo marcas en mi corazón, pero ya no son de desesperación y llanto. Puedo sentir en algunos momentos dolor al tocar las marcas, las cicatrices, las ausencias; pero mi Señor Jesucristo convierte esas marcas, esas cicatrices en recuerdos llenos de amor y agradecimiento a mi Cristo por todo lo que ha hecho en mi vida, por todo lo que me ha dado, por su trato en mí, por su consuelo y cuidado.

Se que vendrán tiempos difíciles, tiempos de lágrimas y dolor, al igual que vendrán tiempos de refrigerio y bonanza; pero siempre en cada momento y circunstancia de mi vida se que Dios me sostendrá.

Mi confianza esta en Cristo, mi amado y fiel Señor.

Porque he muerto y mi vida esta escondida con Cristo en Dios.  (Colosenses.3:3)

2 respuestas a “El Dios de toda consolación”

  1. Gracias Rosi por tus palabras que son de refrigerio para mi ❤️❤️

    Me gusta

  2. Amén. Precioso! 🤗

    Me gusta

Deja un comentario