“No puedo resistirme a la gracia, me voy con el Señor”
Estas son palabras de un gran hombre de Dios, le acaban de comunicar que es hora de partir con el Señor, que su tiempo ya ha llegado. Hermosas palabras de gracia y consuelo, era llamado a estar en la presencia del Señor, presentarse ante el Altar Santo, ver esas calles de oro, ese mar de cristal, de ver al Señor cara a cara.
Que hermosa reacción dejar de resistirse a la gracia de Dios, ese don inmerecido que nos trae a la memoria nuestra conversión por gracia, nuestro caminar por gracia. ¿Cómo resistirnos a esa gracia que nos lleva a nuestra patria celestial? ¿Cómo resistirnos a ser ciudadanos del cielo?
Una gracia, tan inmerecida como transformadora. “Por gracia sois salvos”
Muchas veces nos quedamos en eso en gracia salvadora, pero hay mucho más que eso, Ef.2:7-8 “Las sobreabundantes riquezas de Su gracia” Por Su gracia estamos siendo transformados cada día. Esa gracia que nos levanta en momentos de dificultad y duda, ¿Quién no ha tenido alguna duda en la espera de la promesa? ¿Quién no ha pasado por momentos en los que no vemos una salida? La gracia de Dios nos saca de nuestras miserias, Si, digo miserias, pues anuqué nos declaremos cristianos intachables, somos pecadores, nuestra carne está en una lucha continua contra nuestro espíritu, y sin que nos sirva de excusa quizás diremos como Pablo, “Mas veo otra ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de mi espíritu, y que me lleva cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros.” Ro.7:23
Pero la Gracia nos atrae hacia lo espiritual, sabiendo que esos miembros de pecado son transformados en miembros que trabajan para el servicio del Señor, pues estamos bajo la gracia y no bajo la ley del pecado que mora en nosotros, ya no trabajamos para nosotros mismos, tenemos un mayor objetivo poner nuestros ojos en el autor y consumador de la fe en Jesucristo que de Su plenitud recibimos gracia sobre gracia.
Asombrosa Gracia, “Por tanto, acerquémonos con confianza al trono de la gracia para que recibamos misericordia, y hallemos gracia para la ayuda oportuna.” Heb.4:16 Una gracia tan asombrosa como inmerecida, acerquémonos al Trono de Dios, a Su gracia, y recibamos una misericordia tan grande, que nos trae la ayuda necesaria para muestro oportuno socorro, en nuestras pruebas y debilidades, Su gracia nos cubre, y el Señor nos dice: “bástate mi gracia.”
La gracia de Dios es activa en nosotros, nos inunda de tal manera que nos lleva a derramar nuestra vida en el altar, en sacrificio vivo y aroma agradable al Señor, Su gracia no es en vano, tenemos que dar la a conocer, (2Cor.8:7) no podemos esconderla, si recibimos de gracia, de gracia debemos dar.
Para Alabanza de la gloria de Su gracia, según nos dice la Palabra en Ef.1:6-7. En el tenemos redención, perdón de pecados, según las riquezas de Su gracia. Una gracia activa en nosotros, para dar alabanza, adoración, gloria y honra a nuestro amado Jesucristo, porque él nos amó primero, él mismo nos llama amigos, hermanos, coherederos de Su reino
La gracia de Dios en verdad, Col.1:6 que nos hace llevar fruto, un fruto espiritual que trabaja en nosotros Gal.5:22-23 En Gálatas nos sigue animando a crucificar nuestra carne, nuestras pasiones y deseos, nos enseña a vivir por el Espíritu. Quien se puede enfrentar con alguien que muestra la gracia del Señor a través de amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, dominio propio; todo esto es el fruto espiritual de la gracia del Señor en nuestras vidas que nos hacen vivir y andar en el Espíritu.
La gracia derramada en nosotros, que nos ha llamado con un llamamiento santo. 2Tim.1:9 Es un llamamiento completamente por Su santa gracia, no merecíamos que el Señor contara con nosotros, somos indignos de estar cerca de Él, de verle cara a cara; pero en su infinita misericordia y bondad, nos ha hecho útiles, según Su propósito, según Su voluntad nos ha hecho aptos para Su servicio, somos instrumentos escogidos, para Su honra y Su gloria; con un propósito según la gracia derramada sobre nosotros que nos fue dada en Jesucristo y a través de Cristo que dio su vida por nosotros, que rasgo el velo de arriba abajo, tenemos entrada en esta Su gracia, nos ha reconciliado con el Padre, somos justificados por su sangre y a todo el que lo recibe y cree en su nombre, le ha dado la potestad de ser hechos hijos de Dios.
La gracia del Señor Jesucristo sea con todos.
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